El carro de la rutina (cuento) ▪︎ Rima de Vallbona

ARTE: Francisco I. Zayas (ESA). 'Catwalk', óleo sobre tela. 2015

[ C u e n t o ]


El carro de la rutina

Rima de Vallbona


There are things that happen between a man and a woman in the dark.
–Tennessee Williams


LA PUERTA se cerró detrás de él. Ella, la novia recién casada; ella, la que ayer mismo se prendía el azahar en el velo, vestía de blanco y con emoción decía sí, un sí lleno de júbilo y tan dilatado como el mundo; ella, se incorporó precipitadamente del lecho nupcial y se puso a hurgar con desesperación el fondo de la memoria. Con horror comprobó que, durante la humilladora y dolorosa experiencia de la noche nupcial, su memoria había dejado de ser memoria y había sufrido una degradante metamorfosis: revuelto en el amasijo de sobras y despojos que él había dejado después de hacer una carnicería con sus sentimientos, apenas si pudo distinguir el capullo de rosa que él puso en su cabello una lejana tarde de músicas y dulzores de amor. La poesía, que a la luz de un ocaso enamorado tuvo forma de corazón, ahora, también irreconocible, era un amago de turbios presagios. También estaba ahí, entre tanto desecho, dando acordes distantes, la cajita de música que de novio él le obsequió con «Polvo de Estrellas». Besos, caricias, paseos por los senderillos del bosque, risotadas llenas de promesas, sueños para el futuro, todo lo que la llevó a pronunciar aquél sí, el más importante de su vida, estaba en el fondo de su memoria-basurero donde la misma noche de bodas, con arrogancias de macho satisfecho, él tiró sin reparo alguno los minuciosos jirones sangrantes de su yo.

Ante tanto estrago, azorada, al filo del terror y con náuseas que le subían no del estómago, sino de los abismos más recónditos de su ser, siguió sacando y sacando despojos del fondo de la memoria. Con desaliento comprobó que hasta las promesas de paraíso-eternamente-mi-amor-vida-mía, se habían transformado en nudos de víboras. Cuando alcanzó el poso de su virginidad desgarrada sin misericordia, al atardecer, llena de angustia, comprendió que había dado el paso definitivo e irreversible hacia el infierno.

Como escape, ya sólo le quedaba el suicidio. Sin embargo, cuando al final de la jornada él entornó la llave de la puerta y hola, querida, ¿cómo has pasado hoy?, le preguntó, ella buscó en lo más generoso y sacrificado de su ser una sonrisa y dándole un beso en los labios, ¡de maravilla!, le respondió.

Así, para siempre, quedó uncida con intrepidez al carro rutinario y esclavista del matrimonio, como había visto a las demás mujeres, desde la abuela hasta la madre, pasando por hermanas y parientas y amigas y vecinas y desconocidas…, todas… las demás. ¡Igual que todas ellas!


 


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| Rima de Vallbona, escritora centroamericana nacida en Costa Rica en 1931. Catedrática emérita de la Universidad de Saint Thomas, en Houston Texas. Entre sus obras más notables destacan las novelas Noche en vela y La sombra que perseguimos, y sus libros de cuentos Cosecha de pecadores y Los infiernos de la mujer y algo más, al que pertenece este cuento. Destaca también su obra ensayística desarrollada durante su desempeño titular al frente del Departamento de Lenguas Modernas de la misma universidad.

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