LIBROS: Narración de planos superpuestos
L I B R O S
Narración de planos superpuestos
GRAVÍSIMA, ALTISONANTE, MÍNIMA E IMAGINADA HISTORIA
De Alfonso Kijadurías
Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI).
El Salvador. CONCULTURA. 1993
Por JOSÉ M. DOMÍNGUEZ ÁLVAREZ
Defense Language Institute. Monterey California.
El título de este libro de cuentos que reseñamos refleja de inmediato cierta intención divertida y socarrona por parte de su autor, con el cual alude a los rimbombantes epítetos de los libros de caballería. En algunos relatos puede observarse una técnica que sugiere un “encadenamiento cinematográfico” en un desarrollo esquemático que prescinde de descripciones innecesarias a su objetivo que es ante todo narrativo.
En la lectura de estos 62 minicuentos, cuidadosamente elaborados y amenos, no todo es producto de la imaginación. Kijadurías objetiviza una interpretación particular de la realidad exterior por medio de la utilización de una “ficción absoluta” en relatos cuya creación de fantasía no excluye la presencia de la realidad social concreta del autor. Es suficiente fijarse, a este respecto, en los nombres de los personajes y lugares de la mayoría de los relatos para confirmar esta aseveración.
Con extrema fluidez, Kijadurías conduce al lector desde el comienzo de cada narración, el cual viene rodeado de un halo de fantasía, a un desenlace breve, hasta cierto punto sorprendente aún para el lector más avispado. Huellas de la técnica depurada de los grandes maestros como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga y, más recientemente, Julio Cortázar. Jorge L. Borges y García Márquez resaltan en las creaciones de este autor, miembro del “ilustre cuarteto de narradores de Quezaltepeque”, formado, además de Alfonso Kijadurías, por Ramón González Montalvo, Quino Caso y Jorge Kattán Zablah.
En la mayoría de sus narraciones, Kijadurías, “nom de plume” de Alfonso Quijada de Urías, desarrolla una trama sencilla en dos planos reales: el físico, tangible, objeto de los sentidos, verificable en esquemas temporales y espaciales, y el plano espiritual, ultraterreno, objeto del espíritu que los percibe en sus categorías ultra sensoriales. El punto de contacto de estos dos planos es sólo imaginario, y este enfoque denota el pensamiento del autor: que estos dos planos influyen el uno sobre el otro, recíprocamente, en esta realidad física que vivimos en nuestra circunstancia colectiva y personal. Es fácil entrever, en este contexto, la intención integracionista de Alfonso Kijadurías, de reflejar esa doble realidad en la que, al parecer, él cree, a pesar de que sus relatos se desenvuelven en un ambiente onírico. Las realidades físicas se conjugan con las realidades metafísicas porque ésa es la realidad total, global, que nos rodea. A esa convicción nos lleva el artífice de estas mini narraciones, haciéndonos pasar del plano temporal, sin darnos cuenta, gracias a la varita mágica de su técnica narrativa que establece la continuidad de estos planos superpuestos.
Se trata, pues, de una colección de minicuentos que el lector no olvida fácilmente por su ambiente embrujado y por su afirmación de realidades metafísicas en su contexto temporal.
| José María Domínguez Álvarez, profesor español, docente y crítico de arte. Labora en el Defense Language Institute, Monterey California.
Por JOSÉ M. DOMÍNGUEZ ÁLVAREZ
Defense Language Institute. Monterey California.
El título de este libro de cuentos que reseñamos refleja de inmediato cierta intención divertida y socarrona por parte de su autor, con el cual alude a los rimbombantes epítetos de los libros de caballería. En algunos relatos puede observarse una técnica que sugiere un “encadenamiento cinematográfico” en un desarrollo esquemático que prescinde de descripciones innecesarias a su objetivo que es ante todo narrativo.
En la lectura de estos 62 minicuentos, cuidadosamente elaborados y amenos, no todo es producto de la imaginación. Kijadurías objetiviza una interpretación particular de la realidad exterior por medio de la utilización de una “ficción absoluta” en relatos cuya creación de fantasía no excluye la presencia de la realidad social concreta del autor. Es suficiente fijarse, a este respecto, en los nombres de los personajes y lugares de la mayoría de los relatos para confirmar esta aseveración.
Con extrema fluidez, Kijadurías conduce al lector desde el comienzo de cada narración, el cual viene rodeado de un halo de fantasía, a un desenlace breve, hasta cierto punto sorprendente aún para el lector más avispado. Huellas de la técnica depurada de los grandes maestros como Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga y, más recientemente, Julio Cortázar. Jorge L. Borges y García Márquez resaltan en las creaciones de este autor, miembro del “ilustre cuarteto de narradores de Quezaltepeque”, formado, además de Alfonso Kijadurías, por Ramón González Montalvo, Quino Caso y Jorge Kattán Zablah.
En la mayoría de sus narraciones, Kijadurías, “nom de plume” de Alfonso Quijada de Urías, desarrolla una trama sencilla en dos planos reales: el físico, tangible, objeto de los sentidos, verificable en esquemas temporales y espaciales, y el plano espiritual, ultraterreno, objeto del espíritu que los percibe en sus categorías ultra sensoriales. El punto de contacto de estos dos planos es sólo imaginario, y este enfoque denota el pensamiento del autor: que estos dos planos influyen el uno sobre el otro, recíprocamente, en esta realidad física que vivimos en nuestra circunstancia colectiva y personal. Es fácil entrever, en este contexto, la intención integracionista de Alfonso Kijadurías, de reflejar esa doble realidad en la que, al parecer, él cree, a pesar de que sus relatos se desenvuelven en un ambiente onírico. Las realidades físicas se conjugan con las realidades metafísicas porque ésa es la realidad total, global, que nos rodea. A esa convicción nos lleva el artífice de estas mini narraciones, haciéndonos pasar del plano temporal, sin darnos cuenta, gracias a la varita mágica de su técnica narrativa que establece la continuidad de estos planos superpuestos.
Se trata, pues, de una colección de minicuentos que el lector no olvida fácilmente por su ambiente embrujado y por su afirmación de realidades metafísicas en su contexto temporal.
| José María Domínguez Álvarez, profesor español, docente y crítico de arte. Labora en el Defense Language Institute, Monterey California.



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